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"Los chilenos aprendimos de España para reencontrarnos con la libertad, después de nuestra propia tragedia".

Embajador  Gonzalo Martner

• Palabras de la Presidenta Michelle Bachelet, en su mensaje a los participantes en Madrid, en el 70º aniversario de la llegada del Winnipeg a Chile.

"Cuando la libertad tiene nombre de Barco: Winnipeg" fue el lema del multitudinario acto con que la Embajada de Chile en España, liderada por el Embajador Gonzalo Martner, conmemoró el 70º aniversario de la llegada del Winnipeg a Chile, con dos mil quinientos refugiados de la guerra civil, gracias a la gestión del Cónsul Especial, Pablo Neruda y el respaldo firme del entonces presidente Pedro Aguirre Cerda.

El anfiteatro de la Sala Gabriela Mistral de Casa de América, recibió a "tablero vuelto" a políticos, intelectuales, organizaciones de derechos humanos, asociaciones y altos funcionarios del Gobierno español, entre los que destacaron, Juan Pablo de la Iglesia, Secretario de Estado para Iberoamérica; Pilar Pin, Directora General de la ciudadanía española en el exterior; Enrique Vargas, Subdirector de la División de asuntos culturales de la secretaría general Iberoamericana. Estuvieron entre otros muchos, la senadora y presidenta de la Fundación Ramón Rubial "Españoles por el Mundo", quién viajó desde el país vasco con una delegación; Lola Álvarez, Directora General de Agencia EFE, parlamentarios y representantes de los diversos partidos españoles.

Saludos Presidencial

La presidenta de Chile, Michelle Bachelet envió un mensaje especial, que fue aplaudido con entusiasmo delirante y en el que señala « que el Winnipeg es el símbolo y expresión de la solidaridad humana, ante la adversidad y también la demostración palpable de los estrechos lazos que unen a la Madre Patria con Iberoamérica y con Chile, en particular". "Hoy, después de haber transcurridos tantos años desde ese 3 de septiembre de 1939, tenemos que reafirmar en esta ocasión, el valor de la vida humana. Ello exige defender siempre los derechos humanos y rechazar toda forma de arbitrariedad." "Tenemos que sostener los principios e instituciones de la democracia como garantía de la paz, la libertad y el derecho. Nos alegra que España sea hoy un país moderno, democrático y progresista en el que conviven todas las corrientes culturales, políticas y religiosas. Nos alegra que los españoles, hace más de 30 años, hayan podido reencontrarse en la libertad. No puedo, dejar de mencionar que los chilenos aprendimos de España para reencontrarnos también en la libertad después de nuestra propia tragedia. En este sentido, nuestra democracia es nuestro patrimonio más prec iado, que debemos cuidar y consolidar, con la clara convicción de que nunca más en Chile habrá espacio para la intolerancia".

El asilo contra la opresión

Con estas palabras, el Embajador de Chile en España, Gonzalo Martner dibujó la historia del Winnipeg. "Y es Neruda el que por antonomasia puso, como otros creadores, por delante las urgencias de la historia. "Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie." Con esta frase Pablo Neruda resume en sus memorias sus sentimientos respecto a la tarea que, además de la palabra poética, optó por realizar como cónsul especial para la emigración española nombrado por el Presidente Pedro Aguirre Cerda. Este poema hizo posible la llegada de más de dos mil españoles a Chile en un barco, y muchos otros por diversas vías, incluyendo los barcos Formosa y Florida que recalaron en Buenos Aires con españoles con visas otorgadas por Neruda, en busca de paz después de la guerra civil y sin refugio posible en Europa. Que se borre la poseía si se quiere, diría nuestro poeta, pero no los poemas que son historia humana solidaria."

"Para la República de Chile es siempre un honor recordar sus tradiciones de tierra de asilo contra la opresión", como reza nuestro himno nacional. En el caso de la España convulsionada por la guerra civil, primero nuestra embajada en Madrid otorgó a cerca de dos mil partidarios del que se instalaría como régimen de facto por décadas un refugio que fue respetado por el Gobierno de la República. En el caso que nos reúne hoy, fue por inspiración de un poeta y decisión de un Presidente democrático que españoles y chilenos pudimos escribir juntos en un contexto muy difícil una nueva página, signada ahora por la solidaridad hacia los derrotados que sufrían el desamparo en tierras de exilio, como lo vivió por lo demás después una parte de los chilenos, más de tres decenios después, y encontramos la mano extendida de la democracia española".

"Después de ser recibidos en Valparaíso y en la estación Mapocho de Santiago, la mayoría de los viajeros del Winnipeg se estableció en su nueva patria, otros quisieron y pudieron retornar con el tiempo a su patria de origen. Incluso más de tres décadas más tarde algunos, al caer de nuevo sobre ellos la persecución, tuvieron que vivir en diversos lugares un segundo o tercer exilio, después del de Francia y el de Chile. Mucho para una vida humana, y pocos pudieron sobrevivirlo. También hubo quienes pudieron volver a la España que renacía a la democracia, pero en la paradojal situación de refugiados, si pudiera decirse así, en la madre patria que décadas atrás tuvieron que dejar, porque tocaba ahora salir de la patria de adopción que los expulsaba", aseguró Martner en su irrefutable versión de los hechos.

PANELISTAS.

Diego Carcedo,periodista y autor del libro "Neruda y el barco de la Esperanza", abrió el diálogo con una verdadera clase magistral de lo que fue la historia del Winnipeg; Montserrat Julió, que sólo tenía diez años cuando embarcó junto a sus padres, relató con ternura y gracia lo que fue la travesía y como los niños del Winnipeg, pasaron del hambre, el miedo, las enfermedades y la huída a Francia al fin de la guerra civil, a la aventura de la travesía. Sus recuerdos conmovieron y provocaron sonrisas entre los asistentes y Pedro Zerolo, concejal del Ayuntamiento de Madrid y dirigentes de Movimientos sociales del PSOE, encantó con su capacidad oratoria, en que con versos de Neruda, graficó en prosa lo que fue el exilio español republicano.

El ambiente se llenó de emoción cuando se fueron llamando a los sobrevivientes y sus hijos, a los cuales el Embajador Gonzalo Martner regaló una rosa roja como símbolo de homenaje: Montserrat Julió, viajera; Elena Castedo, hija del historiador Leopoldo Castedo , que tenía dos años cuando embarcó, y su madre Elvira Magaña; Oscar Fanjul, doctor en economía y empresario, que estuvo en representación de su madre Dolores Martín; Miguel Foncillas, hijo de Lorenzo Foncillas Bull; Norma Pérez, hija de Emigdio Pérez Días;Marta Baldín, hija de David Baldín González. Y también hubo una rosa roja para Laura González Vera, la viuda de Carmelo Soria, asesinado por la dictadura de Pinochet; el reconocido pintor Carlos Vásquez y la doctora Alicia Téllez, cuyos padres, refugiados también, viajaron en otros barcos, con destino final Chile. Estuvieron además, españoles republicanos asilados en Chile, que con el golpe militar, de 1973, revivieron la tragedia del exilio.

El acto concluyó con una adaptación breve de la obra "Winnipeg, el Confín de la Esperanza, del dramaturgo chileno, ya fallecido, Jorge Díaz, que interpretó el grupo "LaCongraciada"

Madrid,11 de septiembre de 2009

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