Casas en el cerro, Región de Valparaíso, Chile

Inversiones: país plataforma

En los últimos años ha surgido una nueva tendencia en la inversión extranjera en Chile. Los eventuales inversionistas ya no se están fijando solamente en los recursos naturales del país o en el potencial de su mercado doméstico

En cambio, también están sopesando sus ventajas como plataforma hacia otros mercados de América Latina y, de hecho, otras regiones del mundo.

Chile por largo tiempo ha sido atractivo para las empresas que están invirtiendo por primera vez en América Latina, ya que aprecian su estabilidad política y económica y la claridad de su ambiente de negocios. Pero, crecientemente, los inversionistas están tomando este enfoque de aprendizaje un paso más allá, y están usando a Chile no sólo para ganar experiencia en la región, sino también como una base desde la cual proveer a otros mercados. Los ejemplos abundan, desde empresas mineras como BHP Billiton, Placer Dome y Anglo American en el norte -que exportan cobre a los mercados mundiales- a la canadiense Methanex en el extremo sur, que produce metanol y lo vende a lo largo del mundo. Los productores agrícolas y las empresas manufactureras -en sectores que van desde la industria alimenticia hasta el cultivo de salmones y de la construcción de barcos al ensamblaje de computadores- ahora proveen a mercados exteriores desde Chile, aprovechando las ventajas de su creciente red de tratados comerciales.

De hecho, los Tratados de Libre Comercio de Chile han sido clave en alentar a las empresas a adoptar este enfoque. En 1991, Chile firmó un Tratado de Libre Comercio (TLC) con México y, en 1996, prosiguió a sellar un TLC con Canadá y a transformarse en miembro asociado de MERCOSUR, el bloque comercial formado por Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay. Además, Chile tiene un acuerdo de alcance parcial con la India y acuerdos bilaterales de complementación económica y tratados comerciales con la mayoría de las naciones andinas y centroamericanas, al igual que TLCs vigentes con la Unión Europea, Estados Unidos, Corea del Sur, China y el bloque EFTA (formado por Noruega, Islandia, Liechtenstein y Suiza). Asimismo, Chile firmó un TLCs con Singapur, Nueva Zelanda y Brunei (que, junto con Chile, forman el denominado bloque P4), ya concluyó negociaciones Japón y se encuentra en tratativas con Australia y Malasia. Más aún, se está llevando a cabo un estudio de factibilidad para un TLC con Vietnam.

Gracias a estos tratados, las empresas en Chile ahora disfrutan de un acceso privilegiado -y, en muchos casos, con arancel cero- a un mercado de más de mil millones de consumidores alrededor del mundo. En respuesta a esta oportunidad, un número cada vez mayor de empresas -como la británico-holandesa Unilever, la suiza Nestlé, Beiersdorf de Alemania y Packard Bell, controlada por capitales japoneses- están usando sus instalaciones en Chile para exportar a otros mercados alrededor de la región y en el resto del mundo.

El año 2002, Chile reformó su legislación tributaria para facilitar el uso del país como una plataforma desde la cual administrar inversiones en otros mercados y para alentar alianzas entre inversionistas extranjeros y empresas locales. En línea con la política de Chile de minimizar las barreras tributarias a la inversión, la reforma significa que los inversionistas extranjeros ya no tienen que pagar impuestos chilenos sobre las ganancias que obtengan de activos en otros países.

El uso de Chile como plataforma para operaciones regionales ha creado hasta ahora un estimado de 2.000 nuevos trabajos, además de aumentar las exportaciones tecnológicas y de servicios del país. Pero también hay nuevos beneficios menos tangibles en la forma de know-how y tecnología. De esta manera, se esta formando un circulo virtuoso que impulsa el desarrollo de Chile y, a su vez, beneficia a sus socios extranjeros.

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