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Nuevo estudio OCDE sobre la Igualdad de Género en la Alianza del Pacífico

 

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La Alianza del Pacífico, en su compromiso político por promover la igualdad de género, invitó a la OCDE a revisar la igualdad de género en la vida económica de estos países. El reporte OCDE 2016 concluye que las niñas y las mujeres en estos países avanzan en el camino hacia la igualdad de género y el crecimiento incluyente, pero aún enfrentan grandes obstáculos.

Chile, Colombia, México y Perú han logrado importantes adelantos en la participación de la mujer en la toma de decisiones, los años de escolaridad de las niñas, el ingreso de la mujer al mercado laboral y la protección social para las familias. Sin embargo, la desigualdad económica se mantiene alta en toda la región, y esta desigualdad tiene un efecto especialmente duro en las mujeres, sobre todo, en las pertenecientes al ámbito rural, con bajos ingresos y menor nivel educativo.

Los mayores avances de las últimas décadas han sido en materia de educación. Los países de la Alianza del Pacífico han alcanzado la paridad de género en educación básica y media; y las mujeres jóvenes (de 25 a 34 años de edad) tienen ahora por lo menos la misma probabilidad que los hombres de matricularse en la educación superior. En Chile, incluso, es más probable para ellas que para ellos.

Entre 2000 y 2012, la tasa de matrícula en educación superior en Chile se duplicó, debido en gran parte a la incorporación de mujeres jóvenes, cuya tasa de matrícula pasó del 35% al 84%. Además, Chile es el único país de la Alianza del Pacífico cuyo promedio en la matrícula total de educación no es inferior al de la OCDE.

Estas mejoras en la educación de la mujer han sido acompañadas por un crecimiento impresionante en la participación de la mujer en el sector laboral. La tasa de participación en la fuerza laboral (PFL) de las mujeres en edad productiva (15 a 64 años) en Chile pasó de 37.4% en 1996 a 55.7% en 2014.

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Sin embargo, aún hay grandes diferencias en la participación de ambos sexos en la fuerza laboral asalariada. La brecha de género en la participación en la fuerza laboral en Chile es de cerca de 22 puntos porcentuales, que aunque está por debajo del promedio de América Latina y el Caribe (25), se sitúa por encima del promedio de la OCDE (17). Estas brechas de género tienden a ser menores en las zonas urbanas que en las rurales en toda América Latina.

En la Alianza del Pacífico, la igualdad de género en el sector laboral enfrenta varios retos importantes:

    • La segregación de campo profesional por género puede ejercer efectos negativos sobre los ingresos futuros y el desarrollo profesional de las mujeres, ya que las profesiones dominadas por los hombres tienden a ofrecer mejores salarios que muchas de las profesiones dominadas por las mujeres. En Chile, las mujeres representan sólo el 23% de los estudiantes que se gradúan en ciencias, matemáticas e informática (en comparación al 39% en los países de la OCDE)
      • Las mujeres tienen empleos de menor calidad, en promedio, al medir los horarios de trabajo y la formalidad de la condición laboral, lo que puede afectar negativamente los ingresos.
        • Las mujeres continúan llevando a cabo una parte desproporcionada del trabajo no remunerado, como el trabajo doméstico, lo cual limita sus posibilidades de conseguir un empleo remunerado.
          • No sólo las mujeres continúan ganando menos que los hombres por cada hora de trabajo que realizan, sino que las brechas salariales en Chile han aumentado en los últimos años, mientras que en América Latina en general se redujo. Dado que las niñas ahora tienen las mismas tasas de finalización de estudios que los niños, son otros los factores que pueden explicar esta diferencia; por ejemplo la discriminación por parte del empleador, interrupciones en la trayectoria profesional de las mujeres, segregación ocupacional y sectorial, o diferencias en la carga de trabajo no remunerado en el hogar, las cuales restringen el tiempo que las mujeres pueden dedicar a un trabajo remunerado.

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            • En Chile y México, más mujeres que hombres viven en pobreza, incluso después de impuestos y transferencias. Los efectos de la redistribución en estos países son bastante pequeños en comparación con los efectos en otros países de la OCDE.
              • La maternidad genera dificultades para las mujeres con trabajo remunerado. La llegada de hijos dificulta aún más que las mujeres compitan equitativamente en la fuerza laboral, por consecuencia tienen menos probabilidades de conseguir un empleo remunerado que las que no tienen hijos. Se ha detectado que el acceso a licencias remuneradas por maternidad, paternidad o parental aumenta el empleo de la mujer. El reporte destaca que la política chilena es la más generosa de la Alianza del Pacífico, ya que ofrece a los padres la posibilidad de compartir 12 semanas de licencia parental.
                • Las altas tasas de mujeres NiNi ponen en riesgo el progreso futuro. A pesar de que las tasas de jóvenes (15-29 años) que no trabajan ni estudian ni están en formación (NiNi) ha mejorado en la última década, en Chile el 21% de los jóvenes son NiNi, en comparación con el 16% en promedio en los países de la OCDE. En la Alianza del Pacífico, las tasas de NiNi son mayores entre las mujeres que entre los hombres, a pesar del aumento de la participación de ellas en la educación. La brecha de género de NiNi es de 5 puntos porcentuales, en promedio, en los países de la OCDE, en comparación con los 19 puntos porcentuales en Chile, donde las madres representan la mayoría de las mujeres NiNi.

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                  • El gran número de NiNi entre las madres jóvenes es particularmente problemático dada la tendencia ascendente de embarazo adolescente observada en América Latina. Chile y México tienen las dos tasas más altas de fertilidad adolescente de la OCDE. La maternidad es un reto común para las mujeres NiNi en transición hacia la educación o el empleo remunerado. En América Latina prevalecen brechas considerables en el acceso a derechos reproductivos y sexuales, y a la salud reproductiva, incluido el acceso a métodos anticonceptivos modernos, según el reporte OCDE.

                   

                  A pesar de todos estos retos, el estudio mantiene una visión positiva, ya que observa un importante cambio generacional frente a las actitudes tradicionales. En una encuesta realizada en la que la pregunta era “Cuando hay pocos empleos, ¿debería un hombre tener más derecho a un empleo que una mujer?”, en Chile los encuestados de más de 50 años que apoyaban la contratación preferencial de los hombres superaban en 15 puntos porcentuales a los encuestados de 18 a 29 años. Además, con base en tendencias recientes, se espera que en Chile la brecha de género en la participación laboral se reduzca más de la mitad para 2040.

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                  La publicación también incluye un pequeño apartado para hablar del importante incremento de mujeres electas como líderes políticos en América Latina. Esto tiene una repercusión positiva en la igualdad de género, ya que está demostrado que estas mujeres tienen más probabilidades de invertir más en programas públicos relacionados con los intereses de sus congéneres, y sirven como modelos proyectando un nivel de ambición que causa un efecto positivo en las jóvenes. El porcentaje de escaños parlamentarios ocupados por mujeres aumentó más del doble en Chile entre 1997 y 2014(de 8% a 16%), aunque se mantiene por debajo de la media de los países OCDE.

                  Finalmente, el reporte subraya la importancia de tener unas políticas públicas adecuadamente diseñadas, que incluyan consideraciones de género, para integrar mejor a las mujeres en la vida económica y asegurar el bienestar de la sociedad en general. Las recomendaciones que se proponen se pueden resumir en los siguientes objetivos:

                    • Asegurar el acceso equitativo de las niñas a la educación de calidad y a las áreas académicas que dan mejores “beneficios” en cuanto a ingresos futuros.
                    • Incorporar a más mujeres en el empleo formal y en el sistema de seguridad social. Asimismo, implementar medidas de política dirigidas a reducir la informalidad puede ayudar a ambos sexos, debido al alto nivel de empleo informal generalizado en América Latina.
                    • Mejorar el apoyo al emprendimiento para ambos sexos.
                    • Armonizar mejor la vida laboral y familiar.
                    • Eliminar la discriminación de género en el sitio de trabajo.

                    Todos los gráficos se han extraído de Igualdad de Género en la Alianza del Pacífico. Promover el Empoderamiento Económico de la Mujer, OECD, 2016

                     

                     

                     

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