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"Por un mundo mejor": una campaña para compartir sonrisas en Kingston Hospital

Luego de escuchar desde su casa día y noche las incesantes sirenas de ambulancia afuera del NHS Kingston Hospital durante el peak de la pandemia en Reino Unido, la chef chilena Vivian Fernández organizó una campaña solidaria para entregar comida típica de Chile a los trabajadores de la salud de la institución de sanidad que laboraban sin descanso, tratando a los pacientes enfermos de Covid-19. Esta es su historia.

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(Texto elaborado por Catlaina Herrera, según lo narrado por Vivian Fernández) 

Esto comenzó luego de que, como familia, nos enfermáramos con el coronavirus. Primero se infectó mi marido, después yo y, luego, nuestro hijo León. Carlos, mi marido, estuvo muy complicado cuando se enfermó de Covid-19. Hubo un momento en que pensamos que se nos podía ir de las manos, y tengo que agradecer que tenga a mi marido y a mi hijo sanos, y que yo también pudiera salir adelante. 

Después de pasar unos 15 días muy malos, empezamos a tomar conciencia de lo serio y sombrío que es lo que está pasando en el mundo. Yo vivo a dos minutos de NHS Kingston Hospital, y cada vez que abría las ventanas las sirenas de las ambulancias eran constantes, tanto de día como de noche. Una noche enumeré cada sirena, fueron 35. Cada vez que pasaba por fuera del estacionamiento del hospital lo veía llenísimo, entonces me imaginaba lo colapsados que debían estar todos. Ese estado de shock y angustia generó en mí un motor para hacer algo por este mundo tan azotado por la pandemia. 

Fue así como decidí acercarme al hospital y preguntar cómo podía ayudar. En mi mente yo pensaba preparar colaciones, cosas como queques o tortas. Pero me dijeron que lo que más necesitaban eran comidas calientes para el personal del hospital. 

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Y así partimos. Mi marido me preguntaba cómo lo íbamos a hacer, porque había que llevar los platos calientes al hospital para que los comieran de inmediato. Partimos a pulso, con los insumos que teníamos en casa, sin tener todas las respuestas de una sola vez. Nuestra primera entrega fue el 18 de abril, con 50 almuerzos. 

Para financiar la idea decidí armar una campaña. Lancé la campaña por Facebook a todos mis amigos y en 48 horas tenía casi el 70% de la campaña financiada. 

Acordamos con el hospital de entregar comida los martes y viernes, 50 entregas cada día. Entonces el lunes se compraban los insumos, se limpiaban los ingredientes y se hacía todo el tratamiento higiénico a los materiales. 

En el hospital nos enteramos de que había un enfermero chileno. Nos pusimos en contacto y se convirtió en mi contraparte y contacto con el hospital. Comenzamos a diseñar un menú de comida calórica, balanceada y chilena. Porque ese era mi objetivo también: poder transmitir nuestra cultura por medio de la comida, sin conocer a quien la recibiría ni de dónde es. Nos llegaba excelente feedback, nos decían siempre lo rico que estaba. Y así les contábamos acerca del charquicán, lo que significa, de las empanadas, pastel de choclo, les compartíamos la tradición y la historia de estos platos. 

Fue un tremendo trabajo diario, pero lo hicimos con mucho amor y mucha entrega. En total, 55 personas cooperaron con la campaña, muchos chilenos pero también miembros de la Organización Marítima Internacional (OMI), donde trabaja mi marido. Fue increíble el éxito de la campaña y fue muy lindo poder contribuir con un granito de arena al personal que estaba trabajando sin descanso, y poder proveerles de al menos cinco minutos de comida caliente preparada con cariño y mucho agradecimiento. 

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Todas las comidas iban etiquetadas con la lista de ingredientes para las alergias alimentarias. Cumplimos todos los protocolos para que todos supieran exactamente qué estaban comiendo. 

Hicimos 10 entregas y en todo ese período desarrollamos una muy buena relación con el personal del hospital, y ellos siempre se mostraron tremendamente agradecidos. Teníamos prácticamente un club de admiradores adentro, porque éramos los únicos donando comidas calientes. 

En la medida que avanzaba el tiempo fuimos recibiendo más aportes, permitiéndonos siempre mejorar los packs. Hotel Chocolat, sucursal Covent Gaden, se unió a la cruzada con sus exquisitos chocolates, donando £8,000 en barras de chocolate. Así fueron creciendo los almuerzos, y al final los paquetes llevaban chocolates finos, postre. ¡Todo un almuerzo de primer nivel! 

Un total de 610 almuerzos/cenas entregamos durante un mes, superando con creces la meta trazada. Fueron como 300 kilos de comida que elaboramos. Cumplimos nuestra ilusión de poder entregar una sonrisa, un poco de felicidad a esas personas que estaban trabajando sin parar. 

El último día fue muy duro. Nuestras vidas habían girado durante un mes en torno al personal de sanidad. Toda la casa funcionaba en la producción gastronómica. No había otro tema de conversación en la mesa. Comprar, desinfectar, lavar, cortar, pelar, cocinar, limpiar, ordenar, etiquetar, montar, empacar y cargar fueron los verbos que llenaron nuestros corazones. Tenemos un hijo de 3 años y cuando se despertaba gritaba "vamos a cocinar a los super héroes, mamá". 

Así llegó el martes 19 de mayo. Nuestras emociones brotaron a flor de piel al ver que habíamos construido un maravilloso camino donde nuestra meta propuesta se había superado con creces. 

"Por un mundo mejor" significa ser más humanos, más empáticos y más resilientes. 

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