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Discurso en la Recepción ofrecida por Embajada de Chile para conmemorar la Independencia Nacional

 

Quiero iniciar mis palabras, expresando con sinceridad los sentimientos que me embargan. Es para mí un gran honor representar ante ustedes al Estado de Chile y  al Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, en un momento tan crucial de nuestra historia.

Lo digo sin ánimo de dramatismo. Tal vez nunca como ahora, en sus 204 años de vida independiente, el país enfrenta el desafío de avanzar sustantivamente en la construcción de una sociedad de derechos, con cohesión social, con respeto a la diversidad, con autonomía personal y colectiva, con participación ciudadana.

Como es sabido, las transformaciones a la estructura productiva del país realizadas durante el régimen autoritario, dieron buenos frutos para la economía. El interés en no alterar ese rumbo para evitar inestabilidad y crear condiciones de crecimiento  a largo plazo, llevó a los gobiernos de la Concertación Democrática  a no revertir esa estructura.

Chile consolidó así, durante los últimos 24 años,  su carácter de país abierto a la economía internacional y fuertemente exportador, especialmente de bienes basados en recursos naturales.  El sector financiero dio movilidad a la economía.

Aunque fueron postergadas transformaciones claves,  como la del Código del trabajo, la reforma educacional, o la del sistema de salud, entre otras, las positivas cifras de crecimiento ocultaron el malestar social.  A cambio se impulsaron medidas compensatorias, focalizadas en los sectores más desfavorecidos.   Así, la pobreza disminuyó más de 25 puntos en quince años.

Sin embargo, la Riqueza se concentró como nunca antes en la historia nacional.

En los últimos años, en la medida que se incrementó la desigualdad, creció también la frustración.  Al decir del constitucionalista Fernando Atria, “Tal parecía que nos acostumbramos a pensar que aquello era normal; que la Constitución de 1980 –que hasta hoy nos rige-, ponía candados a los cambios y  que no había alternativas plausibles y realistas a esta forma de organizar la economía y la sociedad”.

Hasta que el malestar salió a la calle.  Fueron los estudiantes de la mano de sus padres. De sus padres, es decir,  aquellos jóvenes que en los 80 lucharon por la democracia y que ahora se sintieron condenados a vivir endeudados por décadas, pagando primero sus propios estudios y luego los de sus hijos, en una espiral que echaba por tierra las expectativas  de una vida mejor,  sin canales de participación, sin formas de representar sus intereses.  Sería largo enumerar la serie de protestas, que a partir de 2011 pusieron en evidencia el déficit democrático de nuestro proceso.

Hoy se ha iniciado un nuevo ciclo, y estamos optimistas.  Nadie niega en Chile la necesidad de los cambios, más allá del 62% de votos que obtuvo la Nueva Mayoría.

El  Congreso acaba de aprobar la Reforma Tributaria, una de los compromisos emblemáticos del actual gobierno.

Esta ley genera recursos permanentes que equivalen a 3 puntos del PIB; destina incentivos importantes para la inversión, y contiene medidas para evitar la evasión y elusión tributaria. Se ha dicho que pagarán más, las personas y las empresas que tienen más.

La nueva política tributaria financiará la reforma educacional actualmente en plena negociación, en instancias que incorporan a las federaciones estudiantiles, al Consejo de Rectores, a los  operadores privados, a los técnicos educacionales y al Congreso.

Sin duda son buenas noticias para el aniversario de la República.  El país tiene un per cápita cercano a los 16 mil dólares, y ocupa el primer lugar en América Latina en el Índice de Competitividad 2014 – 2015.  La Presidenta ha dicho que Chile se propone alcanzar en 2020, el estándar de país desarrollado.  Y que las transformaciones mencionadas, y la Nueva Constitución son  cruciales para lograr  un crecimiento sustentable y equitativo, “donde todos reciban una retribución justa del progreso al que contribuyen”.

Ese es el sentido más profundo de la  gesta independentista que hoy conmemoramos. Es la clave en la que leemos los ideales de los libertadores, a más de dos siglos de esas contiendas que regaron de esperanzas nuestro continente.   Es el prisma a través del cual buscamos componer un relato común y latinoamericano.

En esta mirada coincidieron los cancilleres de Chile y de El Salvador, Heraldo Muñoz y Hugo Martínez, durante el extenso diálogo político que sostuvieron en el marco de la reunión del Consejo Binacional, los primeros días de septiembre: impulso a los procesos de integración regional; búsqueda de convergencias en la diversidad de nuestra geografía humana, política y económica; contribución activa al Sistema Interamericano y a las Naciones Unidas.  Por sobre todo, acordaron construir canales para que fluya el comercio, la inversión la cooperación y la cultura. Ambos países son ribereños del Océano Pacífico y Chile espera un pronto ingreso de El Salvador a la alianza comercial que integran, además,  Colombia, México y Perú. Nuestro país busca que esta asociación se abra a  Suramérica y por ello espera realizar en los próximos meses un seminario entre la Alianza del Pacífico y Mercosur.

La firma de un Acuerdo para colaborar en áreas como, literatura,  artes visuales, música,  artesanía,  teatro y  fomento a la lectura, coronó la cita de dos días en Santiago.

Y QUISIERA DETENERME SÓLO UN MOMENTO PARA COMPARTIR CON USTEDES LA EMOCIÓN QUE SE VIVIÓ AL TÉRMINO DE ESA REUNIÓN, CUANDO  LEYENDO A DOS VOCES, LOS CANCILLERES SE UNIERON A LA CADENA HUMANA QUE DE NORTE A SUR DE CHILE  HOMENAJEÓ LOS CIEN AÑOS DEL CANDIDATO A PREMIO NOBEL EL ANTIPOETA NICANOR PARRA, RECITANDO LOS VERSOS QUE LES INVITO A SEGUIR…

Permítanme al concluir expresar mi especial agradecimiento por la presencia de todos ustedes, en especial  a las autoridades, al cuerpo diplomático y a los funcionarios que prestan servicios en la sede diplomática chilena. Quiero decirles que me he sentido especialmente acogida y que en estos casi tres meses de estadía en El Salvador,   ya puedo sentir que será difícil la partida.

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